“Historia (Inquiry); so that the actions of people will not fade with time.”

Herodotus
The Histories of Herodotus of Halicarnassus


"That is war... To defeat foes in the name of a country. The states affairs of the enemy are inconsequential."

-Marco
Radiant Historia (videogame)


"The Wheel of Time turns, and Ages come and pass, leaving memories that become legends. Legends fades to myth, and even myth is long forgotten when the Age that give it birth comes again."

-Robert Jordan
The Wheel of Time


"Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon giveth his sentence, that all novelty is but oblivion."

-Francis Bacon: Essays LVIII.
(Epígrafe en "El Inmortal" de Jorge Luis Borges)

"¿Y a mí qué me importa el futuro? Sin duda, Seldon lo habrá previsto y se habrá preparado para él. Llegarán otras crisis en el futuro, cuando el poder del dinero esté tan muerto como fuerza histórica como lo está ahora el de la religión. Que mis sucesores resuelvan sus problemas, como yo he resuelto el nuestro."

-Isaac Asimov

Los príncipes comerciantes

Fundación



©William Rosado Ocasio, 2012-2016
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sábado, 31 de marzo de 2012

II. “The Murderer” en Contexto del Flâneur, su Contraparte Televisiva, Freud y el Castigo Social -Tesina-


Aquí les dejo la segunda parte de mi tesina sobre tres cuentos de Ray Bradbury.
©William Rosado Ocasio, 2011
Prohibido el uso de este trabajo para fines comerciales o lucrativos sin el debido permiso del autor.
II.                  “The Murderer” en Contexto del Flâneur, su Contraparte
Televisiva, Freud y el Castigo Social   

“It’ll take time, of course. It was all so enchanting at first.
The very idea of these things, the practical uses, was wonderful.
They were almost toys, to be played with, but the people got too
Involved, went too far, and got wrapped up in the pattern of social
Behavior and couldn’t get out, couldn’t admit they were in, even.
So they rationalized their nerves as something else.”
                                                -Ray Bradbury, “The Murderer” (562)

            “The Murderer” es otra de esas maravillosas distopías de Ray Bradbury, una con un toque de ciencia ficción y locura que nos adentra a un mundo tan real como los tiempos que vivimos. Celulares inteligentes, computadoras, televisores, videocámaras, radios y toda una gama mucho mayor de tecnología, es a lo que posiblemente Bradbury temía cuando escribió este cuento, y con mucha razón. El mundo actual es uno gobernado por la tecnología que busca mantenernos más unidos los unos a los otros pero que a fin de cuentas nos separa mas por la impersonalidad del acto comunicativo inalámbrico que rigen el siglo XXI.
            En esta historia el narrador nos introduce a un psiquiatra (del cual nunca se dice su nombre) y a Albert Brock quien se hace llamar a sí mismo “el Asesino” (“The Murderer”). La historia comienza con cinco canciones que suenan en distintas áreas por las que pasa el psiquiatra, luego habla por una especie de teléfono en la muñeca con su hijo, luego mas áreas con distintas canciones y al llegar a su destino se encuentra con el cuadro mas perturbador: silencio en la celda de “el asesino”. El silencio nuevamente es protagonista de otra historia, al igual que la anterior (“The Pedestrian”) la sala de confinamiento de Brock es su paraíso, su utopía en un mundo con ruido por todas partes. Aquí el flâneur no ocurre únicamente por el simple hecho de vagar por la ciudad como buen poeta observando todo y a todos los que lo rodean, en esta historia Brock se convierte en el flâneur que repele todo lo social porque está cansado de lo cotidiano y del apego extremo a lo tecnológico. “El flâneur vive en la soledad urbana, es decir, la soledad en medio de una muchedumbre. Se abre camino entre la multitud que, a un tiempo, le atrae y le repele.” (Monteleone 79).
Cuando a Brock le preguntan cuándo comenzó a odiar lo tecnológico (más directamente el teléfono) y este dice:
It frightened me as a child. Uncle of mine called it the ghost machine. Voices without bodies. Scared the living hell out of me. Later in life I was never comfortable. Seemed to me a phone was an impersonal instrument. […] Then of course the telephone’s such a convenient thing; it just sits there and demands you call someone who doesn’t want to be called. Friends were always calling, calling, calling me. Hell, I hadn’t any time of my own. […] When it wasn’t the music, it was interoffice communications, and my horror chamber of a radio wristwatch on which my friends and my wife phoned every five minutes. What is there about such ‘conveniences’ that makes them so temptingly convenient? (Murderer 557)
Esto es a lo que Monteleone se refiere; el shock traumático que Walter Benjamin nos explica en Sobre Algunos Temas de Baudelaire:
Nos informa ante todo de la íntima relación que existe en Baudelaire entre la imagen del shock y el contacto con las grandes masas ciudadanas. Nos dice además qué debemos entender exactamente por tales masas. No se trata de ninguna clase, de ningún cuerpo colectivo articulado y estructurado. Se trata nada más que de la multitud amorfa de los que pasan, del público de las calles. Esta multitud, de la cual Baudelaire no olvida jamás la existencia, no le sirvió de modelo para ninguna de sus obras. (Baudelaire 25-26)
Esto es precisamente lo que ocurre con Brock, el shock del que habla Benjamin (que a su vez refiere a Freud) es el entorno sobrecargado del personaje que no encuentra ningún consuelo más que el estupor que vivió durante años con las masas tecnologizadas que de nada le sirven, pero que lo obligan a avanzar dentro de su propio grupo, de lo contrario (o como consecuencia de seguir a las masas) lo lleva a la situación en la que se encuentra. Adentrándome con Freud en la misma línea de pensamiento acerca de los sueños de angustia que presenta como:
Los sueños de angustia no son tal excepción, como ya he demostrado repetidamente y con todo detenimiento, ni tampoco los de «castigo», pues lo que hacen estos últimos es sustituir a la realización de deseos, prohibida, el castigo correspondiente, siendo, por tanto, la realización del deseo de la consciencia de la culpa, que reacciona contra el instinto rechazado. Mas los sueños antes mencionados de los enfermos de neurosis traumática no pueden incluirse en el punto de vista de la realización de deseos, y mucho menos los que aparecen en el psicoanálisis, que nos vuelven a traer el recuerdo de los traumas psíquicos de la niñez. Obedecen más bien a la obsesión de repetición, que en el análisis es apoyada por el deseo –no inconsciente- de hacer surgir lo olvidado y reprimido. (Placer 20)       
Obviamente en la última cita que utilicé de Bradbury, Brock nos cuenta sobre su trauma infantil sobre el teléfono, como este lo aterraba. Esto crea una combinación de elementos: el miedo infantil y el malestar de tener que aceptar la modernidad aunque no sienta aprecio por ella. La negación siempre se va a encontrar presente aunque el individuo decida ignorarla por tiempo indefinido, esto es lo que causa que con el tiempo el miedo se trasforme en un trauma que acaba por explotar de maneras coerciva, causando daños tanto al público como a su persona. Esto constituye de cualquier manera en un crimen, crimen que no está exento de castigo.   
Las máquinas le suministran gigantescas fuerzas, que puede dirigir, como sus músculos, en cualquier dirección; gracias al navío y al avión, ni el agua ni el aire consiguen limitar sus movimientos. Con la lente corrige los defectos de su cristalino y con el telescopio contempla las más remotas lejanías; merced al microscopio supera los límites de lo visible impuestos por la estructura de su retina. Con la cámara fotográfica ha creado un instrumento que fija las impresiones ópticas fugaces, servicio que el fonógrafo le rinde con las no menos fugaces impresiones auditivas, constituyendo ambos instrumentos materializaciones de su innata facultad de recordar; es decir, de su memoria. Con ayuda del teléfono oye a distancia que aun el cuento de hadas respetaría como inalcanzables. (Malestar 16)
Esto es lo que Freud ve cuando redacta El Malestar en la Cultura, las maravillas de una modernidad que el mundo acepta como buenas porque ayudan al ser humano a sobrellevar muchos de sus problemas, pero en el cuento ocurre esto y más, pues no es solo lo que pueda ayudar un teléfono-cámara, es el exceso de poder que ha adquirido el mundo al rodearse de ruidos y aparatos que nos mantiene tan comunicados que no nos permiten estar solos en realidad. El simple acto de Brock de ‘ahogar’ con una cucharada de helado francés de chocolate el radio transmisor de su auto lleva a preguntarle a psiquiatra el por qué, y él responder porque es su favorito y si era buena para el porqué no podía serlo para el equipo (Murderer 559). Esto es el acto real de un asesino, alguien que la inocencia de la explosión traumática intenta acallar (como a él mismo por el mismo medio) a la maquina llenándole ‘la boca’ (bocina auditiva) de helado. El episodio no es muy diferente del cuento en lo que he dicho hasta el momento, lo único que hay un cambio es en el helado, que cambia por una batida de chocolate que derrama sobre el equipo y hace cortocircuito. Pero el mensaje es el mismo, no solo el leer nos hace más convincente el apego al pasado que existe en el texto, pero la visualización en el televisor nos acerca más a la idea bradburiana de una revolución anti-tecnológica. El psiquiatra cuestiona a Brock el por qué él no protesto con las minorías, a lo que Brock responde que lo hizo pero no tuvo efecto ya que la mayoría amaban sus radios y comerciales, es aquí donde se muestra la verdadera capacidad de las masas cuando el psiquiatra le dice que las mayorías mandan y Brock contesta: “But they went too far. If a little music and ‘keeping in touch’ was charming, they figured a lot would be ten times as charming. I went wild! I got home to find my wife hysterical. Why? Because she had been completely out of touch with me for half a day.” (Murderer 560).
Aquí de una vez nos muestra la contrariedad que existe entre el panóptico de Foucault y la prisión de Brock, si el panóptico está diseñada para observar a los confinado, la prisión de Brock le permite estar en soledad y silencio de todo lo tecnológico, la barrera que cruza la tecnología no solo vuelve las cosas impersonales sino a los individuos que se ajustan al avance, y no el avance a ellos. Esta es la protesta de Brock, aquella cometida en la desesperación del trauma, utilizar su encierro como escape social y como medio para comunicar su mensaje, utilizar los medios tecnológicos para acabar con ellos mismos, técnica que de alguna manera me parece que Bradbury intenta llevar a cabo con el episodio y su final completamente distinto del de la historia. En la historia mientras el psiquiatra regresa a su vida cotidiana y el narrador termina el cuento con una oración repetitiva que expresa lo monótono de lo mecánico (“[…] telephone, wrist radio, intercom, telephone, wrist radio, intercom, telephone, wrist radio…” (Murderer 563). En el episodio el psiquiatra regresa a su oficina, escucha todos los sonidos como en el cuento y al final muerde su comunicador como hace Brock cuando entra a la celda y derrama una batida de chocolate en su máquina de fax. El final del episodio parece dirigirse más al mensaje general del cuento en el que con el tiempo las personas verán la razón de los excesos a los que han sucumbido, pero que se niegan como dice Brock en la cita introductoria de este ensayo. Para finalizar esta sección creo que esta cita de Foucault resume en esencia el mensaje tanto del cuento como del episodio: “[…] el condenado exhortaba a la multitud a no imitarlo jamás se está convirtiendo en una escena amenazadora en la que la multitud se ve conminada a elegir entre la barbarie de los verdugos, la injusticia de los jueces y la desdicha de los condenados vencidos hoy, pero que triunfarán un día.” (Foucault 267-268).

Bibliografía: 
1.                   *  Benjamin, Walter. Sobre Algunos Temas en Baudelaire. elaleph.com, 1999. PDF. 10 de
diciembre de 2011.

2.                      *Bradbury Ray. “The Murderer”. The Golden Apples of the Sun. New York: Harper
Collins Publishers, 2011. Libro. 10 de diciembre de 2011.

*Bradbury, Ray. The Ray Bradbury Theater. Writers: Ray Bradbury & John Philip
Dayton. Director: various directors. Alliance Atlantis & Miracle Pictures Production, 2004. DVD.

4.                      *Foucault, Michael. Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo XXI Editores, 1976.1era
reimpresión argentina, 2002. PDF. 10 de diciembre de 2011.

  * Freud, Sigmund. El Malestar en la Cultura. Librodot.com, 2002. PDF. 11 de diciembre de
2011.
 * Freud, Sigmund. Más Allá del Principio del Placer. derridacastellano.com.ar, 2006. PDF.
11 de diciembre de 2011. 

7.                     *Monteleone, Jorge. “Baldomiro Fernández Moreno, Poeta Caminante”  Cuadernos
Hispanoamericanos. Vol. 429. (marzo 1986) p.79-82.  Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. PDF. 10 de diciembre de 2011.


martes, 28 de febrero de 2012

I.“The Pedestrian” en contexto del Flâneur, el Televisor, su Contraparte Televisiva y el Castigo Social -Ensayo-

Esta es la primera parte de mi tesina de bachillerato del programa de Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras para el curso de "El Cuento Moderno". En ella utilizé tres cuentos del reconocido escrito de ciencia-ficción Ray Bradbury, de su libro Las Doradas Manzanas del Sol (The Golden Apples of the Sun). Esta primera parte es sobre el cuento "The Pedestrian". Aquí se los dejo; si desean conocer el resto de este trabajo dejadmelo saber por medio de sus comentarios. 

©William Rosado Ocasio, 2011
Prohibido el uso de este trabajo para fines comerciales o lucrativos sin el debido permiso del autor.


“Was that a murmur of laugher from within a moonwhite House?

 He hesitated, but went on when nothing more happened. He

 Stumbled over a particular uneven section of sidewalk. The

 Cement was vanishing under flowers and grass. In ten years

Of walking by night or day, for thousands of miles, he had

Never met another person walking, not once in all time.”

                                                            -Ray Bradbury, “The Pedestrian” (815)

          El reconocido critico Harold Bloom comienza su libro de recopilación de artículos (de distintos autores) sobre Ray Bradbury con una nota que puede ser un poco desalentadora pero que en cierto punto refleja la realidad de su escritura, y hasta cierto punto (en mi opinión) muestra la inhumanidad de la humanidad dentro de los personajes de Bradbury: “Bradbury indeed is one of the masters of science fiction and fantasy, and he is highly inventive and humane. His palpable failure is in style: his language is thin, and his characters are names upon the page.” (Bloom 1). Claro que Brabdury seguía la fuente popular literaria de su generación, la ciencia ficción, pero de entre todos los autores del género que surgieron como Isaac Asimov, H. G. Wells, C. S. Lewis, Jules Verne, entre otros, que tenían una característica mucho más compleja y verdaderamente científica dentro del género, Bradbury nos cuenta historias de ciencia ficción sin detalles técnicos, nos muestra un futuro de cohetes y maquinas que al final acabaran con nosotros y con los estilos de vida más tradicionales. La lectura es uno de ellos, al igual que el pasearse por la ciudad, pues todo esto sería considerado retrograda como si alguien en tiempos presentes pretendiera formar nuevamente la inquisición para perseguir a los judíos o a los musulmanes y quemar libros que no les parecen corrector. Es casi el retorno de un culto religioso de adoración a la máquina que te brinda comodidad y peligro al mismo tiempo.

            Comenzaré con el cuento “The Pedestrian” que cuenta sobre los paseos nocturnos que suele dar por la ciudad el señor Leonard Mead mientras el resto de la población se encuentran reunidas en sus hogares observando el televisor. Suena algo pintoresco escucharlo, puesto que hoy día vivimos parte de esa realidad, que hace casi sesenta años Bradbury lo describiera no debe sorprendernos que el televisor se convirtiera en uno de los artefactos domésticos principales del ser humano. Leonard Mead es un caminante o paseante habitual, es lo que Baudelaire llama el flâneur, aunque si vemos bien en palabras de Domingo Faustino Sarmiento:

El español no tiene palabras para indicar aquel farniente de los italianos, el flaner de los franceses porque son uno u otro en su estado normal. […] El flâneur persigue también una cosa, que el mismo no sabe lo que es; busca, mira, examina, pasa delante, va dulcemente, hace rodeos, marcha y llega al final… a veces a orillas del Sena, al bulevar otras, o al Palais Royal con más frecuencia. (en Monteleone 79).

Es también curioso que el flâneur no es únicamente un caminante que observa, sino que en palabras de Walter Benjamins:

Es la mirada del flâneur, en cuya forma de vida todavía se asoma con un resplandor de reconciliación la futura y desconsolada forma de vida del hombre de la gran ciudad. El flâneur está a un en el umbral, tanto de la gran ciudad como de la clase burguesa. […] En ninguna de ellas se siente en casa. Busca su asilo en la multitud. […] La multitud es el velo a través del cual la ciudad habitual hace un guiño al flâneur, como si se tratase de una fantasmagoría. (Pasajes 45).

Posiblemente cuando comparamos que Leonard Mead se pasea solo mientras que el flâneur se pasea entre la multitud vemos el paralelismo de ambas figuras. Mead busca lo mismo del flâneur, que el flâneur busca de la multitud, busca la compañía en la soledad de la calles, pudiese sonar contradictorio pero el flâneur se pasea entre la multitud intentando encontrar la compañía sabiendo que no va a encontrar nada al igual que Leonard Mead cuando se pasea por las calles vacías en la noche y como en la cita introductoria de este ensayo nunca en todos los años de caminar en la noche se ha encontrado con otra persona. Es una sociedad tan idealizada que el único caminante de la ciudad se pasea en la soledad, acompañado por las aceras vacías y las carreteras libres de vehículos porque la población tiene otro medio de relacionarse muy particular que posiblemente un Baudelaire con su flâneur parisino no hubiese imaginado. Cuando comparamos el cuento con el episodio de la serie televisiva The Ray Bradbury Theater nos encontramos con la misma idea del caminante, pero esta vez el caminante no va solo sino acompañado de un amigo al que convenció, otro aspecto diferente es el de la ilegalidad de su salida nocturna ya que por ello pueden ser arrestados, además de que curiosamente siendo a única supuesta patrulla de toda la ciudad (en el cuento la patrulla es un automóvil y en el episodio un helicóptero, ambos automatizados) siempre dan a parar con ellos, algo que en el episodio es poco creíble (más adelante continuaré hablando sobre la patrulla). El flâneur toma otro concepto en el episodio, pues ya esa soledad, ese compartir con otros caminantes se hace posible al Mead trasmitirle su ideal a su amigo, de pasearse y observar el paisaje, de lo que Benjamins tiene algo que decir al respecto: “El habitante de la ciudad, cuya superioridad política sobre el campo se expresa de múltiples maneras en el transcurso del siglo, intenta traer el campo a la ciudad. La ciudad se extiende en los panoramas hasta ser paisaje,[…].” (Paisajes 40). En el episodio el enfoque de la salida nocturna son los paisajes a diferencia del cuento en el que el enfoque es mas el de caminar por la ciudad vacía y la fuerte crítica al televisor.    

El televisor vino a substituir la soledad colectiva que existía entre las personas de la muchedumbre de la urbe por una soledad individualizada, puesto que las personas ya no tienen que abandonar del todo sus hogares para conocer que ocurre en el mundo. Aunque si puede congregarse un grupo de individuos junto al televisor, la experiencia se vuelve una personal ya que cada individuo puede recibir la información de manera distinta y trasmitir a su vez algún descontento porque otro individuo no haya visto o percibido lo mismo que él, lo que convierte al televisor en una nueva fuente de ambigüedad. Leonard Mead dice en “The Pedestrian”:

‘Hello, in there,’ he whispered to every house on every side as he moved. ‘What’s up tonight on Channel 4, Channel 7, Channel 9? Where are the cowboys rushing, and do I see the United States Cavalry over the next hill to the rescue?’ […] ‘What is it now?’ he asked the houses, noticing his wristwatch. ‘Eight-thirty P.M.? Time for a dozen assorted murders? A quiz? A revenue? A comedian falling off the stage?’ (Pedestrian 815).            

El personaje de alguna manera se mofa de la actitud colectaba de la muchedumbre reunida frente al televisor, mientras él se pasea bajo el aire natural, ellos se encierran en la oscuridad de una soledad de falsa colectividad y ambigüedad, que produce malestar tanto entre las masas como en el individualismo.

In the U.S., the average person spends 40 percent of his/her free time attending to television at some level (Robinson and Converse 1972). The average American family's television set is turned on for about six hours per day. Ninety-eight percent of all households have television sets and 76 percent of the total population watches television on a given night during prime time (U.S. Bureau of the Census 1990). At the current rate of growth, there will be an average of two televisions per U.S. household in 1995. (Adams 118). 

El televisor tal y como ocurre en “The Pedestrian” se ha alojado en cada hogar de los Estados Unidos de América, con su programación y fácil entretenimiento induce de manera inconsciente al aquel espectador a sentarse y pasar horas muertas adquiriendo conocimiento que le puede ser de relevancia al individuo, como puede que no. Esto es lo que Edward Relph nos explica en la siguiente cita:

Mass media conveniently provide simplified and selective identities for places beyond the realm of immediate experience of the audience, and hence tend to fabricate a pseudo-world of pseudo-places. And someone exposed to these synthetic identities and stereotypes will almost inevitably be inclined to experience actual places in terms of them-a fact not missed by the developers of such real-life pseudo-places as Waikiki or Disneyland (1976, 58). (En Adams 121).     

Luego de todo esto aun tenemos por hablar del cuento el final, cuando Leonard Mead de regreso a su casa es detenido por el único vehículo policiaco de la ciudad. Con esto regreso a aquel punto que mencioné sobre las diferencias vehiculares entre el episodio y el cuento. Hablamos sobre como Mead es detenido por la policía automatizada (que no es controlada por ningún ser viviente a distancia sino por un robot) quien cuestiona a Mead sobre sus razones para estar fuera de su casa, a lo que sus respuestas parecen triviales a nosotros (“‘Walking for air. Walking to see’.” (Pedestrian 817).), pero es muy posible que para las leyes de esa distopía bradburiana fuera un crimen salir en la noche, el pensar fuera del parámetro social del momento. Foucault dice: “Para ser útil, el castigo debe tener como objetivo las consecuencias del delito, entendidas como la serie de desórdenes que es capaz de iniciar.” (Foucault 86). ¿El castigo para Leonard Mead? Muy simple, ser internado en el “Psychiatric Center for Reaserch on Regressive Tendencies”, ya que al no estar casado el conductor robótico no tiene forma de verificar su cuartada.(Bradbury 818). ¿Pero de que cuartada habla? Mead pregunta el por qué de su arresto y esa es toda la respuesta que le entrega el robot. ¿Es que caso se criminaliza a los seguidores de la “vieja escuela” (con ello me refiero a las personas que como Mead conservan costumbre del pasado)? ¿Se teme que la población siga su ejemplo y el futuro se vea detenido por una línea de pensamiento? ¿Existe la suficiente substitución de humanos por maquinas para que estas como las historias de Isaac Asimov [I, Robot] lleguen a razonar su posible desaparición si de alguna manera se comienza el desprendimiento de los equipos tecnológicos menores? Todo esto únicamente lo digo en el contexto del cuento ya que el final del episodio termina de forma distinta. El helicóptero puede ser claramente la idea que Foucault presenta como el panóptico (que también aplica a la visión del cuento en cuanto a las rígidas leyes y reglas que se tiene en las prisiones para el control total de los reos), un centro carcelario ideal que con una distribución arquitectónica especifica le permite al vigilante desde una torre en el centro observar a todos los prisionero:

Basta entonces situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda a un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un escolar. […] Tantos pequeños teatros como celdas, en los que cada actor está solo, perfectamente individualizado y constantemente visible. […]Cada cual, en su lugar, está bien encerrado en una celda en la que es visto de frente por el vigilante; pero los muros laterales le impiden entrar en contacto con sus compañeros. Es visto, pero él no ve, […]. (Foucault 204-205)

El helicóptero es la torre que todo lo observa en la ciudad, no hay nada que se le escape, apunta con su foco el punto especifico, de esta manera encuentran a Mead y Stockwell (que no aparece en el cuento) ocurre el mismo intercambio de palabras que en el cuento con la diferencia de la falta de emoción de Mead y sin cuestionar demasiado el por qué del arresto ya que el episodio tiende a ser más claro y nos muestra que el gobierno parece ser uno totalitario. Luego de toda una visión futurística de los cincuenta, de apreciar al flâneur como el poeta ambulante que es Leonard Mead, de apreciar el extraño castigo que sufre y la visión panóptica y ominosa de la sinrazón social de esta distopía solo queda pasar al siguiente tema y ver qué nuevo juego propone Bradbury.   

Referencias Bibliográficas:
1.      Adams, Paul C. “Television as Gathering Place”.  Annals of the Association of American
Geographers, Vol. 82, No. 1 (Mar., 1992), p.117-135 Taylor & Francis, Ltd. PDF. 28 de noviembre de 2011.
2.      Benjamin, Walter. Libro de los Pasajes. Madrid: Ediciones Akal. 2005. PDF. 10 de
diciembre de 2011.

3.      Bloom, Harold. Ray Bradbury. New York: Chealsea House, 2011. PDF. 10 de diciembre
de 2011.
4.      Bradbury Ray. “The Pedestrian”. The Golden Apples of the Sun. New York: Harper
Collins Publishers 2011. p.814-819.  Libro. 10 de diciembre de 2011.
5.      Bradbury, Ray. The Ray Bradbury Theater. Writers: Ray Bradbury & John Philip
Dayton. Director: various directors. Alliance Atlantis & Miracle Pictures Production, 2004. DVD.
6.      Foucault, Michael. Vigilar y Castigar. Argentina: Siglo XXI Editores, 1976.1era
reimpresión argentina, 2002. PDF. 10 de diciembre de 2011.
7.      Monteleone, Jorge. “Baldomiro Fernández Moreno, Poeta Caminante”  Cuadernos
Hispanoamericanos. Vol. 429. (marzo 1986) p.79-82.  Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. PDF. 10 de diciembre de 2011.