En este Blog encontrarán cuentos, poesía, ensayos y reseñas de libros tanto en español como en inglés de mi autoría. / In this Blog you will find short stories, poetry, essays and book reviews both in english and spanish written by me.
“Historia (Inquiry); so that the actions of people will not fade with time.”
―Herodotus
The Histories of Herodotus of Halicarnassus
"That is war... To defeat foes in the name of a country. The states affairs of the enemy are inconsequential."
The Histories of Herodotus of Halicarnassus
"That is war... To defeat foes in the name of a country. The states affairs of the enemy are inconsequential."
-Marco
Radiant Historia (videogame)
"The Wheel of Time turns, and Ages come and pass, leaving memories that become legends. Legends fades to myth, and even myth is long forgotten when the Age that give it birth comes again."
Radiant Historia (videogame)
"The Wheel of Time turns, and Ages come and pass, leaving memories that become legends. Legends fades to myth, and even myth is long forgotten when the Age that give it birth comes again."
-Robert Jordan
The Wheel of Time
"Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon giveth his sentence, that all novelty is but oblivion."
The Wheel of Time
"Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon giveth his sentence, that all novelty is but oblivion."
-Francis Bacon: Essays LVIII.
(Epígrafe en "El Inmortal" de Jorge Luis Borges)
©William Rosado Ocasio, 2012-2016
Prohibido el uso de cualquier material escrito en este blog para fines comerciales o lucrativos sin el debido permiso del autor.
(Epígrafe en "El Inmortal" de Jorge Luis Borges)
"¿Y a mí qué me importa el futuro? Sin duda, Seldon lo habrá previsto y se habrá preparado para él. Llegarán otras crisis en el futuro, cuando el poder del dinero esté tan muerto como fuerza histórica como lo está ahora el de la religión. Que mis sucesores resuelvan sus problemas, como yo he resuelto el nuestro."
-Isaac Asimov
Los príncipes comerciantes
Fundación
©William Rosado Ocasio, 2012-2016
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viernes, 16 de marzo de 2012
Twisted Crown -Poetry-
◊ ◊ ◊
I Wish
the
Sir in
the
title
of all legends that pass
from the
dark times in their
darkest
Hour where the myth became realities for the inhabitants of the islands
Above the cruel oceans of despair that wash away the hundred years
Of wars and spill blood from children that try to escape from the
Abomination of a sword that cuts the sand pillar and sculptures
From the roots of the ancient tree of death that lies in a valley
Of green meadow guarded by the old giant serpent and wolf
A vile crown cursed for eternity by the action of his owner
miércoles, 14 de marzo de 2012
La Selva de las Puertas -Cuento-
Mientras el viajero caminaba a la orilla del río negro, pensó en el final de su travesía en la oscura selva. Durante un año había vivido en esta tierra salvaje de inminentes lluvias y veredas infinitas, la espesura y la niebla eran tan densas como una cortina. El alimento era tan escaso como la seguridad de una noche sin disturbios. Caminó a todo lo largo del río hasta llegar a una cascada, pero esta no era cualquier cascada, pues el agua no llegaba hasta el fondo, sino que subía hasta el cielo hasta perderse de vista. Esta selva tampoco era común, pues el árbol más pequeño medía cinco mil pies y las hojas cambiaban de color dependiendo la hora del día. También las rocas eran muy extrañas, una simple roca podría hacer a cualquiera rico. En cambio había diamantes, los cuales para la gente no tenían ningún valor.
Unos pies antes de subir la cascada, había una roca hueca en la que había una puerta de cristal pulido en un umbral de oro labrado. No era muy común encontrar puertas a través de esta selva, no por nada le llamaban la Selva de las Puertas. Por cualquier rincón se podía apreciar una puerta de madera podrida o de metal corroído. Una puerta lleva a la otra y otra a la otra, nunca se sabe en que parte de la selva pudieras terminar. Pero esta puerta no era igual a las otras, no existía una puerta tan bella y esplendida en todo el planeta Arreit.
El viajero comenzó a recoger diamantes de las orillas y los lanzó al agua, recogió pedazos de madera y los colocó sobre la pequeña pila de rocas, y como lo había planeado tenía un puente hasta la roca hueca. Cruzó con cautela, paso a paso para no caer en las aguas negras del río que llega hasta el infinito, un río que desemboca por el millar de universos que albergan vida de todas formas y colores. El viajero llegó hasta la roca y saltó y cayó firme. Observó de cerca y con cautela la puerta, analizó cada pliegue y labrado de oro y cristal. Tenía un globo con porciones superficiales y criaturas parecidas a él, pero distintas, pues al observar de cerca el labrado pudo apreciar que las imágenes tenían color y una forma definida como los daguerrotipos. Los ojos de esas criaturas eran de muchos colores distintos, sus cuerpos eran de distintos colores, sus portes y figuras eran todas distintas, pero guardaban un parecido con su pueblo.
Dejó de mirar la puerta y volvió a apreciar su entorno, uno muy siniestro y a la vez muy bello, pues guardaba uno de los grandes misterios del universo. Volvió a darse la vuelta hacia la puerta y esta vez se llevó una sorpresa, pues una figura extraña se encontraba de pie justo en frente de la puerta. Una figura cubierta con una fina película de musgo verde, un cabello tan enredado como las lianas de los monumentales árboles, unas uñas de una materia desconocida y una piel tan oscura como el suelo subterráneo de los poblados de su gente. Su forma parecía la de una mujer.
La figura acercó su rostro hasta tenerlo muy cerca al del viajero, y este pudo apreciar su olor a humedad y barro. El cabello de la mujer rozó su rostro y sintió la aspereza de las lianas, y el suave cosquilleo de las diminutas hojas.
-¿Quién eres tú?- preguntó el viajero.
-Yo soy una náyade del río negro. Guardiana de la puerta de cristal y oro.
-¿Qué hay tras esa puerta?
-Hay un mundo muy distinto, pero al mismo tiempo muy parecido. Un mundo que vive en tinieblas y sombras que asesinan sin compasión a aquel que se oponga a las criaturas que gobiernan esas planicies y montañas. En ese mundo el sol brilla mucho más que este, el agua de los ríos es cristalina, y esas rocas brillantes que hay por todo el río valen más que ese líquido preciado que trae vitalidad a todos los seres que habitan el planeta. Allá los árboles no son tan inmensos como estos, pero la luz refleja todo los colores y hacen que se vean tan verdes como los trajes que ustedes suelen usar.
-Suena demasiado bonito para ser tan horrible como comienzas describiéndolo.
-Es cierto, es un mundo muy hermoso, pero los seres destructores que habitan allí, lo reducen a cenizas, y todo lo que una vez fue, se perderá en las espesas nieblas evanescentes.
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
-Tu gente no es cualquier raza, pues ustedes provienen de ese mismo lugar de belleza radiante. Pero su origen no es el mismo que el de los destructores. Usted nacieron del suelo, usted son el suelo, ustedes son la esencia del planeta Tierra.
-Y sí provenimos de ese planeta Tierra, ¿Qué hacemos aquí?
- Esa es una contestación que debes aprenderla por ti mismo. Tú deberás cruzar la puerta y, lograr convencer a los destructores, de todo el mal que hacen. Tú, viajero, eres el único que puede abrir los ojos de la humanidad.
El viajero observó con curiosidad a la náyade, mientras esta le sonreía de manera amable y carismática. La náyade se hizo a un lado de la puerta y le dijo –es tiempo de que cruces el umbral y confrontes a la humanidad. Es tiempo de que dejes la selva de las puertas, y te adentres al laberinto de la mente y del mundo.
El viajero encontró los ojos de la náyade y los observó fijamente y ella los de él. Él observaba sus profundos ojos negros, y ella observó los profundos ojos rojos del viajero. Ambos sonrieron al unísono, y se tendieron las manos al mismo tiempo. La náyade tomó la perilla perfectamente tallada como un hexágono y la giró lentamente. Abrió la puerta y un resplandor provino del otro lado de la puerta, cegando por unos instantes al viajero. Caminó hasta el otro lado, cruzó del planeta Arreit al planeta Tierra, cruzó de un viaje a otro, cruzó al más peligro de los destinos; convencer a la humanidad de que la vida vale la pena.
* * *
Todo era tal como lo había descrito la náyade, un mundo de hermosos colores formas, con un parecido al mundo en donde había vivido por muchas décadas. Y es en este mundo, en este paraíso multicolores que encontraría la perdición, aunque también la redención. Y es aquí donde se va a encaminar a un poblado de criaturas muy parecidas a él, pero a la vez muy distintas.
Era un poblado muy antiguo y rural, su vida la habían pasado entre bosques y valles; eran capaces de todo, incluso hasta de matar por lo que no aceptaban.
El viajero se acercó al pueblo y los habitantes lo observaron incrédulos, vieron entrar al demonio a su propio territorio. El viajero comenzó un discurso acerca del mal que ellos causaban a su propio mundo, pero ninguno lo escuchaba, todo preparaban a escondidas una gran hoguera en donde encender al demonio en llamas. Cuando estuvo lista todos se acercaron al viajero y lo tomaron entre todos, lo amarraron al poste de madera y lo insultaron, escupieron y hasta apedrearon. Pero nada hizo que el viajero dejara de hablarles. Ni siquiera el fuego pudo consumir su piel de mármol blanca y reluciente, y todo el pueblo decidió llevarlo al bosque maldito del que había salido.
Al internarse al bosque con el viajero en manos, se dieron cuenta de algo inusual, los lugares donde una vez hubieron claros, se habían tornado oscuros como el carbón, pensaron que de hay provenía el demonio y lo lanzaron sin piedad, viviendo para siempre con el miedo de un demonio de ojos rojos y piel de mármol.
* * *
El viajero, se encontró en una tierra oscura, donde no había nada que produjera un haz de luz potente. Por suerte, sus ojos rojos le permitían ver en la oscuridad y pudo apreciar que se encontraba en una selva, era muy parecida a la de su planeta, pero esta era muy diferente, pues los árboles no eran tan altos como los de su planeta y las puertas que había estaban destruidas. El río estaba seco, y detrás de él había una puerta similar a la que había sobre la roca del río en su mundo.
-¿Qué es este lugar?- se preguntó el viajero.
-Este, mi querido viajero es tu mundo. Alguna vez fue pacifico y hermoso, pero al igual que el mundo de los humanos tu raza se corrompió por la codicia y este fue el precio que pagaron. Esas es la respuesta a una tus pregunta- dijo la náyade del río negro.
-¿Cuál de todas?
La náyade se acercó al viajero e imitando su voz le dijo –y sí provenimos de ese planeta Tierra, ¿qué hacemos aquí?
-No comprendo.
-No tienes que comprenderlo, sólo vívelo. Espera unos minutos, la puerta volverá ha abrirse, y desde ese instante serás bienvenido por siempre. Nadie podrá echarte de allí, sólo aquel que te dejo entrar podrá hacerlo.
-Pero no se como convencer a los humanos de todo el mal que hacen. Ya lo intenté una vez y no lo logré.
-Si fallas sigue intentándolo, si te caes levántate. Nada es imposible. Usa tu encanto, tus habilidades. Para tu gente no era nada fuera de lo normal, pero para ellos será el acto más extraño, terrorífico y fantástico de todos.
-Muy bien, creo que volveré a intentarlo.
-Bien. Demuestra que la raza de los Terraignus no son solo figuras de mármol.
-Lo haré-. El viajero vio la puerta abrirse y corrió hacia ella sin detenerse. La náyade había desaparecido. Y solo era posible ver la selva de las puertas por una fracción de segundos a través del oscuro.
Unos pies antes de subir la cascada, había una roca hueca en la que había una puerta de cristal pulido en un umbral de oro labrado. No era muy común encontrar puertas a través de esta selva, no por nada le llamaban la Selva de las Puertas. Por cualquier rincón se podía apreciar una puerta de madera podrida o de metal corroído. Una puerta lleva a la otra y otra a la otra, nunca se sabe en que parte de la selva pudieras terminar. Pero esta puerta no era igual a las otras, no existía una puerta tan bella y esplendida en todo el planeta Arreit.
El viajero comenzó a recoger diamantes de las orillas y los lanzó al agua, recogió pedazos de madera y los colocó sobre la pequeña pila de rocas, y como lo había planeado tenía un puente hasta la roca hueca. Cruzó con cautela, paso a paso para no caer en las aguas negras del río que llega hasta el infinito, un río que desemboca por el millar de universos que albergan vida de todas formas y colores. El viajero llegó hasta la roca y saltó y cayó firme. Observó de cerca y con cautela la puerta, analizó cada pliegue y labrado de oro y cristal. Tenía un globo con porciones superficiales y criaturas parecidas a él, pero distintas, pues al observar de cerca el labrado pudo apreciar que las imágenes tenían color y una forma definida como los daguerrotipos. Los ojos de esas criaturas eran de muchos colores distintos, sus cuerpos eran de distintos colores, sus portes y figuras eran todas distintas, pero guardaban un parecido con su pueblo.
Dejó de mirar la puerta y volvió a apreciar su entorno, uno muy siniestro y a la vez muy bello, pues guardaba uno de los grandes misterios del universo. Volvió a darse la vuelta hacia la puerta y esta vez se llevó una sorpresa, pues una figura extraña se encontraba de pie justo en frente de la puerta. Una figura cubierta con una fina película de musgo verde, un cabello tan enredado como las lianas de los monumentales árboles, unas uñas de una materia desconocida y una piel tan oscura como el suelo subterráneo de los poblados de su gente. Su forma parecía la de una mujer.
La figura acercó su rostro hasta tenerlo muy cerca al del viajero, y este pudo apreciar su olor a humedad y barro. El cabello de la mujer rozó su rostro y sintió la aspereza de las lianas, y el suave cosquilleo de las diminutas hojas.
-¿Quién eres tú?- preguntó el viajero.
-Yo soy una náyade del río negro. Guardiana de la puerta de cristal y oro.
-¿Qué hay tras esa puerta?
-Hay un mundo muy distinto, pero al mismo tiempo muy parecido. Un mundo que vive en tinieblas y sombras que asesinan sin compasión a aquel que se oponga a las criaturas que gobiernan esas planicies y montañas. En ese mundo el sol brilla mucho más que este, el agua de los ríos es cristalina, y esas rocas brillantes que hay por todo el río valen más que ese líquido preciado que trae vitalidad a todos los seres que habitan el planeta. Allá los árboles no son tan inmensos como estos, pero la luz refleja todo los colores y hacen que se vean tan verdes como los trajes que ustedes suelen usar.
-Suena demasiado bonito para ser tan horrible como comienzas describiéndolo.
-Es cierto, es un mundo muy hermoso, pero los seres destructores que habitan allí, lo reducen a cenizas, y todo lo que una vez fue, se perderá en las espesas nieblas evanescentes.
-¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
-Tu gente no es cualquier raza, pues ustedes provienen de ese mismo lugar de belleza radiante. Pero su origen no es el mismo que el de los destructores. Usted nacieron del suelo, usted son el suelo, ustedes son la esencia del planeta Tierra.
-Y sí provenimos de ese planeta Tierra, ¿Qué hacemos aquí?
- Esa es una contestación que debes aprenderla por ti mismo. Tú deberás cruzar la puerta y, lograr convencer a los destructores, de todo el mal que hacen. Tú, viajero, eres el único que puede abrir los ojos de la humanidad.
El viajero observó con curiosidad a la náyade, mientras esta le sonreía de manera amable y carismática. La náyade se hizo a un lado de la puerta y le dijo –es tiempo de que cruces el umbral y confrontes a la humanidad. Es tiempo de que dejes la selva de las puertas, y te adentres al laberinto de la mente y del mundo.
El viajero encontró los ojos de la náyade y los observó fijamente y ella los de él. Él observaba sus profundos ojos negros, y ella observó los profundos ojos rojos del viajero. Ambos sonrieron al unísono, y se tendieron las manos al mismo tiempo. La náyade tomó la perilla perfectamente tallada como un hexágono y la giró lentamente. Abrió la puerta y un resplandor provino del otro lado de la puerta, cegando por unos instantes al viajero. Caminó hasta el otro lado, cruzó del planeta Arreit al planeta Tierra, cruzó de un viaje a otro, cruzó al más peligro de los destinos; convencer a la humanidad de que la vida vale la pena.
* * *
Todo era tal como lo había descrito la náyade, un mundo de hermosos colores formas, con un parecido al mundo en donde había vivido por muchas décadas. Y es en este mundo, en este paraíso multicolores que encontraría la perdición, aunque también la redención. Y es aquí donde se va a encaminar a un poblado de criaturas muy parecidas a él, pero a la vez muy distintas.
Era un poblado muy antiguo y rural, su vida la habían pasado entre bosques y valles; eran capaces de todo, incluso hasta de matar por lo que no aceptaban.
El viajero se acercó al pueblo y los habitantes lo observaron incrédulos, vieron entrar al demonio a su propio territorio. El viajero comenzó un discurso acerca del mal que ellos causaban a su propio mundo, pero ninguno lo escuchaba, todo preparaban a escondidas una gran hoguera en donde encender al demonio en llamas. Cuando estuvo lista todos se acercaron al viajero y lo tomaron entre todos, lo amarraron al poste de madera y lo insultaron, escupieron y hasta apedrearon. Pero nada hizo que el viajero dejara de hablarles. Ni siquiera el fuego pudo consumir su piel de mármol blanca y reluciente, y todo el pueblo decidió llevarlo al bosque maldito del que había salido.
Al internarse al bosque con el viajero en manos, se dieron cuenta de algo inusual, los lugares donde una vez hubieron claros, se habían tornado oscuros como el carbón, pensaron que de hay provenía el demonio y lo lanzaron sin piedad, viviendo para siempre con el miedo de un demonio de ojos rojos y piel de mármol.
* * *
El viajero, se encontró en una tierra oscura, donde no había nada que produjera un haz de luz potente. Por suerte, sus ojos rojos le permitían ver en la oscuridad y pudo apreciar que se encontraba en una selva, era muy parecida a la de su planeta, pero esta era muy diferente, pues los árboles no eran tan altos como los de su planeta y las puertas que había estaban destruidas. El río estaba seco, y detrás de él había una puerta similar a la que había sobre la roca del río en su mundo.
-¿Qué es este lugar?- se preguntó el viajero.
-Este, mi querido viajero es tu mundo. Alguna vez fue pacifico y hermoso, pero al igual que el mundo de los humanos tu raza se corrompió por la codicia y este fue el precio que pagaron. Esas es la respuesta a una tus pregunta- dijo la náyade del río negro.
-¿Cuál de todas?
La náyade se acercó al viajero e imitando su voz le dijo –y sí provenimos de ese planeta Tierra, ¿qué hacemos aquí?
-No comprendo.
-No tienes que comprenderlo, sólo vívelo. Espera unos minutos, la puerta volverá ha abrirse, y desde ese instante serás bienvenido por siempre. Nadie podrá echarte de allí, sólo aquel que te dejo entrar podrá hacerlo.
-Pero no se como convencer a los humanos de todo el mal que hacen. Ya lo intenté una vez y no lo logré.
-Si fallas sigue intentándolo, si te caes levántate. Nada es imposible. Usa tu encanto, tus habilidades. Para tu gente no era nada fuera de lo normal, pero para ellos será el acto más extraño, terrorífico y fantástico de todos.
-Muy bien, creo que volveré a intentarlo.
-Bien. Demuestra que la raza de los Terraignus no son solo figuras de mármol.
-Lo haré-. El viajero vio la puerta abrirse y corrió hacia ella sin detenerse. La náyade había desaparecido. Y solo era posible ver la selva de las puertas por una fracción de segundos a través del oscuro.
martes, 13 de marzo de 2012
Campos Macabros -Poesía-
Se siembran campos marchitos de girasoles
en un valle en medio del desierto,
lugar oculto, reducido y comprimido
por el polvo negro que esparce la noche.
Escucho en el susurro del viento
un gemido… Un fuerte alarido
que desgarra las sábanas
de una orgullosa criatura
que muerde con dientes de cristal quebrado.
Desangran la cabeza de un cordero
para hacer la fiesta de un averno decadente,
con demonios que han devorado la tierra,
hasta las viseras de sus hijos.
Alza al firmamento un cuervo desplumado
tributo a las negras nubes de lo incierto,
porque el viento, pronto esparcirá los huesos
en mis campos cegados por hombres sin manos.
Y las cabezas que se mecen entre los picos
empalando el cultivo de cerezos amarillos
y las siembras de manzanos sin semillas
para dar de comer la pulpa de la mentira.
Donde todo el que miente es ángel altivo
con alas de plata que atraen al cautivo cerebro
de todo el mundo, campo de hastío,
campo de humillados, campo de silencio enajenado.
Voces que se alzan entre la maleza
como conejos saltando en las praderas,
donde se cultivan cuerpos disecados
de humanos que perdieron sus cabezas.
Pares de insectos que se mueven
entre los caminos de una cereza
medio mordida entre los labios imaginarios
de una quimera que custodia,
los macabros campos dentro de la cabeza.
en un valle en medio del desierto,
lugar oculto, reducido y comprimido
por el polvo negro que esparce la noche.
Escucho en el susurro del viento
un gemido… Un fuerte alarido
que desgarra las sábanas
de una orgullosa criatura
que muerde con dientes de cristal quebrado.
Desangran la cabeza de un cordero
para hacer la fiesta de un averno decadente,
con demonios que han devorado la tierra,
hasta las viseras de sus hijos.
Alza al firmamento un cuervo desplumado
tributo a las negras nubes de lo incierto,
porque el viento, pronto esparcirá los huesos
en mis campos cegados por hombres sin manos.
Y las cabezas que se mecen entre los picos
empalando el cultivo de cerezos amarillos
y las siembras de manzanos sin semillas
para dar de comer la pulpa de la mentira.
Donde todo el que miente es ángel altivo
con alas de plata que atraen al cautivo cerebro
de todo el mundo, campo de hastío,
campo de humillados, campo de silencio enajenado.
Voces que se alzan entre la maleza
como conejos saltando en las praderas,
donde se cultivan cuerpos disecados
de humanos que perdieron sus cabezas.
Pares de insectos que se mueven
entre los caminos de una cereza
medio mordida entre los labios imaginarios
de una quimera que custodia,
los macabros campos dentro de la cabeza.
Anglicismo -Poesía-
Mientras los hamburgers existan,
Y los parkings no se acaben,
Habrá niveles de conocimiento,
Como vidrios escarchados.
El sandwich de un recuerdo,
Que guardé en el freezer,
Las palabras que recuerdo,
De mi viaje al occidente.
Los Hello, How are you?
Espero que estés bien,
I have come to go away
Para siempre, querida, for ever…
Or at least for a time.
No puede ser,
Mi amada, my darling,
I have forgotten my roots,
Mi darling se ha distorsionado
Pero pienso repararlo.
He regresado a casa al fin,
He vuelto a renacer,
He dejado de ser infiel,
Solo para mi eres la única.
Ni las hamburguesas,
Ni los estacionamientos,
Ni los emparedados,
Ni el congelador,
Ni los saludos,
Ni mi amor,
Volverán a ser empañados,
Porque tú, eres única.
Y los parkings no se acaben,
Habrá niveles de conocimiento,
Como vidrios escarchados.
El sandwich de un recuerdo,
Que guardé en el freezer,
Las palabras que recuerdo,
De mi viaje al occidente.
Los Hello, How are you?
Espero que estés bien,
I have come to go away
Para siempre, querida, for ever…
Or at least for a time.
No puede ser,
Mi amada, my darling,
I have forgotten my roots,
Mi darling se ha distorsionado
Pero pienso repararlo.
He regresado a casa al fin,
He vuelto a renacer,
He dejado de ser infiel,
Solo para mi eres la única.
Ni las hamburguesas,
Ni los estacionamientos,
Ni los emparedados,
Ni el congelador,
Ni los saludos,
Ni mi amor,
Volverán a ser empañados,
Porque tú, eres única.
El Candelabro -Poesía-
Inspirado en el musical de Broadway “The Phantom of the Opera”
de Andrew Lloyd Webber.
Asciende hacia el cielorraso el pasado,
el dolor y el desencantado fantasma
de una inmortalizado candelabro
iluminado por recuerdos e imágenes
que no se han olvidado entre el polvo y el engaño.
En medio del escenario se alza la sombra
de un recuerdo oculto entre músicas nocturnas
y ángeles de piedra labrados en las cornisas
de una casa de innumerable dicha
y cientos de efímeras maldiciones.
Se alza la voz de un ángel de la música
mientras en las profundidades se escucha
el lamento de un demonio de la noche
consumido por el odio y el miedo
de ser algo más que un simple maestro del engaño.
Sobre el mundo, sobre el hombre
una luz envuelta en oro, derramado por las palabras
que se dijeron, y al final solo fueron poco más
que fragmentos de la música de la noche
escondidos en los remanentes de un viejo candelabro, desciende.
de Andrew Lloyd Webber.
Asciende hacia el cielorraso el pasado,
el dolor y el desencantado fantasma
de una inmortalizado candelabro
iluminado por recuerdos e imágenes
que no se han olvidado entre el polvo y el engaño.
En medio del escenario se alza la sombra
de un recuerdo oculto entre músicas nocturnas
y ángeles de piedra labrados en las cornisas
de una casa de innumerable dicha
y cientos de efímeras maldiciones.
Se alza la voz de un ángel de la música
mientras en las profundidades se escucha
el lamento de un demonio de la noche
consumido por el odio y el miedo
de ser algo más que un simple maestro del engaño.
Sobre el mundo, sobre el hombre
una luz envuelta en oro, derramado por las palabras
que se dijeron, y al final solo fueron poco más
que fragmentos de la música de la noche
escondidos en los remanentes de un viejo candelabro, desciende.
lunes, 12 de marzo de 2012
El Respiradero -Cuento-
Este cuento es parte de la antología de cuentos El Ático Subterráneo y otros cuentos, disponible en Amazon para todo el mundo. Si te agrada este cuentos toma el tiempo de decidir si quieres conocer otras historias de fantasía y ciencia-ficción.
Amazon US
Amazon España
Amazon México
-El aire era completamente raro por todas partes y el calor sofocante no ayudaba a calmar el desespero colectivo de la población que constantemente le exigían sus gobiernos una mejor calidad de aire para llevar un ritmo normal, lo que de esa forma aumentaría su productividad en las súper ciudades sobrepobladas de seres humanos. Afortunadamente los gobiernos habían legislado e impuesto leyes que controlan la natalidad, ya que el aumento de la población había supuesto un aumento en las áreas de vivienda, lo que concluye en la destrucción masiva de los bosques, junglas, selvas tropicales, sabanas, desiertos, y hasta arrecifes en los que se construyen enormes condominios de lujo donde habitan los propios legisladores, gobernantes y aristócratas contemporáneos ansiosos por cazar ballenas, práctica que se volvió legal cuando la mayoría de los mamíferos y ovíparos perdieron sus hábitat y produjeron la extinción en masa de cientos de especies comunes. Todo el mundo está cubierto por una sábana gris de dióxido de carbono de los automóviles a base de los últimos abastos de petróleo. Y es así como comienza el final…
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Amazon México
-El aire era completamente raro por todas partes y el calor sofocante no ayudaba a calmar el desespero colectivo de la población que constantemente le exigían sus gobiernos una mejor calidad de aire para llevar un ritmo normal, lo que de esa forma aumentaría su productividad en las súper ciudades sobrepobladas de seres humanos. Afortunadamente los gobiernos habían legislado e impuesto leyes que controlan la natalidad, ya que el aumento de la población había supuesto un aumento en las áreas de vivienda, lo que concluye en la destrucción masiva de los bosques, junglas, selvas tropicales, sabanas, desiertos, y hasta arrecifes en los que se construyen enormes condominios de lujo donde habitan los propios legisladores, gobernantes y aristócratas contemporáneos ansiosos por cazar ballenas, práctica que se volvió legal cuando la mayoría de los mamíferos y ovíparos perdieron sus hábitat y produjeron la extinción en masa de cientos de especies comunes. Todo el mundo está cubierto por una sábana gris de dióxido de carbono de los automóviles a base de los últimos abastos de petróleo. Y es así como comienza el final…
El anciano hizo una pausa. Tomó de la mesa una taza rota de té, y la llevó
a sus arrugados labios mientras sus pequeños ojos intentaban observar el
remanente de lo que parecían hojas molidas colarse hacia su boca. El otro
hombre frente a él lo observaba con una fascinación casi inocente mientras
jugueteaba con el exceso de hojas molidas que había sobre la cuchara agujereada
con una mano. Con la otra mano se arreglaba de vez en cuando la mascarilla de
oxigeno por su problema pulmonar. Observaba constantemente el costoso reloj de
pulsera hecho en oro con incrustaciones de distintos diamantes y distintos
trozos de madera de arboles extintos.
-Es una historia fascinante- le dice el hombre con simpatía, -pero mi
interés es la preciosa posesión que usted oculta tan celosamente del mundo
entero. Esa enorme arquitectura creada por la fallecida madre naturaleza. Ese
ostentoso y verde árbol que le brinda aire puro a su persona sin necesidad de
utilizar uno de nuestros respiradores.
El anciano soltó una tenue carcajada mientras colocaba sobre la mesa la
taza vacía. –¿Una historia fascinante? Si, tal vez. Pero muy cierta también. El
mundo continúa girando sin necesidad de sus verdes pulmones; la tierra ya no es
tierra, es lodo radioactivo, desechos tóxicos, pequeños manojos de cianuro que
al simple tacto quema las huellas dactilares de las manos. ¿Usted
pretende que yo le muestra el vestigio de la decadencia? ¿Quiere conocer los
últimos latidos de este mundo?
El hombre sin pensarlo y cambiando su mirada por una de deseo respondió
–Si, deseo ver el último árbol de este planeta.
-¿Está usted tan seguro de que tal árbol existe? ¿Cómo no dudar de la
veracidad de las palabras sin evidencia suficiente? ¿Cómo creer un chisme que
se ha regado como la pólvora con tanta facilidad?
El hombre no dijo ni una palabra, solo levantó su mano derecha con gesto
firme y señaló el respiradero que conecta a todos los hogares, y edificios del
país para respirar un solo aire, el aire de la compañía del mismo hombre que
señalaba la marca de su poder sobre la humanidad.
-¿El respiradero? La infernal máquina que zumba sin cesar, es peor que
el tic tac constante que escucho. No amigo mío, no necesito de aire para
respirar, ni alimento para comer, si luz para vivir ni agua para no morir de
sed…
El anciano se mantuvo en silencio unos segundos y continuó hablando-
Este no es el mismo planeta de hace cien generaciones atrás. Ya nada es verde,
todo es gris y negro, lo verde se convierte en exótico para las personas como
usted. El árbol que busca es una metáfora de la vida perdida, de aquella nimia
inocencia que mantenía el balance entre lo que es correcto y lo que es verdad.
Mírese a usted, un hombre a la mitad de su vida con problemas respiratorios que
lo obligan a vivir conectado a una maquina con miedo a un pequeño cambio en la
energía de la batería que en estos momentos sustenta su sistema. ¿Será la
batería lo suficientemente nuevo? ¿Estará demasiado usada como para sostener
todo el tiempo que he perdido hablando con este anciano? Muchas cosas se
preguntan los humanos sobre el origen y significado de la vida, muchos persiguen
la eternidad de las palabras vacías para encontrar que todo era un espejismo de
la belleza del lenguaje… Eternidad, que hermosa palabra, tan hermosa que ha
decorado mi última oración como un árbol. La estética del leguaje que ya no
existe en este tiempo, en este instante. Todos van directo al grano, por eso ya
no se imprimen novela sino manuales de uso, ya no se escriben cuentos sino
memorandos constantes, no se redactan poemas sino enormes fotografías del
pasado ya perdido e inalcanzable, y las del presente carentes de sentimiento
alguno.
El hombre comenzaba a perder la paciencia con el anciano, odiaba que la
plebe se regodeara con cursilerías obsoletas. -¿Existe?- preguntó casi
pronunciando cada sílaba. -¿O no?
-Todo depende de quién lo busque y para qué- dijo el anciano. Sin decir
nada más, el anciano se se puso de pie y recogió las tazas de té para dejarla
sobre otra mesa.
-Por favor, debo insistir una última vez, entrégueme el árbol. Usted
puede fanfarronear todo lo que quiera, pero si no existe, de dónde saca las
hojas con las que prepara su té.- El hombre había perdido la paciencia y había
sacado de uno de sus múltiples bolsillo una pistola antigua y cargada.
-Usted viva con sus respiraderos artificiales, yo continuaré viviendo
como me fue encomendado con mi árbol. Todos tenemos lo que necesitamos, y usted
no necesita lo que quiere.- El anciano se dio la vuelta y vio al hombre
apuntándole con la pistola, y sin otra respuesta o juego de palabras le dijo al
hombre -¡Fuego!
Y una chispa saltó de la pistola y a una velocidad casi imperceptible
una bala traspasó la cabeza del anciano, dejando una enorme mancha roja sobre
la pared del fondo de la pequeña estancia. El cuerpo se desplomó
instantáneamente, y del agujero en la cabeza continuaba saliendo sangre, una
sangre transparente con un leve tono rojizo que alarmó al hombre que aun
apuntaba con la pistola a la pared. El hombre intentó ponerse en pie para
acercarse al cuerpo inerte. Luego de un minuto lo logró y caminó con parsimonia
al cuerpo, aunque su rostro no sabía que esperar y las muecas faciales
cambiaban en cuestión de segundos. El
hombre había matado a muchas personas, estaba acostumbrado a lidiar con casos
como este. Mientras caminaba sacó de otro bolsillo algo pequeño que cabía en la
palma de su mano. Usualmente el hombre tenía algún artilugio mecánica que
incluía una cámara, y las fotografías de cuerpos muertos posando sus muertes se
habían convertido en su secretos trofeos. Pero este cuerpo, el cuerpo del
anciano en específico no se le antojaba fotografiable. Más que algo que alguna
vez pudo haber tenido vida y alma, parecía un muñeco roto, uno de los tantos
androides que decomisa diariamente su compañía. Recordó las palabras del
anciano criticando la fotografía y cierto malestar biliar se impuso en su
cuerpo.
El hombre se inclinó hasta el rostro del anciano, observó la herida
supurando y comprendió porque la imagen se le antojaba artificial.
-¡Pero si es un androide!- dijo el hombre demasiado exaltado, tanto que
la mascarilla saltó de su rostro y cayó sobre el cadáver mecánico y se manchó
con la sangre que el hombre pudo identificar como aceite.
El hombre estiró su brazo para tomar la mascarilla, no tenía aire, se
asfixiaba lentamente. Pero su mano nunca alcanzó la mascarilla, pues la mano
del anciano/androide la sujetó, la apretó con fuerza y la lanzó lejos.
-¿Quiere usted el árbol?- dijo el anciano con una voz casi metálica y
temblorosa. -Todos tenemos el árbol dentro de nosotros. El árbol de la vida y
de la muerte, los respiradores naturales que crecían en este planeta, la
esperanza ya perdida del hombre tecnológico. Un respiradero artificial, una
cámara para conservar el rostro de la muerte al alcance de la mano, el horror
de vivir sin acción y morir en vano sobre una cama en paz, la pericia y rapidez
de un flash aire clic vacío.-Estiró su mano y tomó la cámara de la mano del
hombre asfixiado.
El hombre en los últimos cuarenta segundo intentó preguntar -¿El árbol?
¿Dónde está el árbol? ¿Qué ocurre aquí? No hay aire, no hay ni una gota de
oxígeno.- Y cinco segundos antes de desvanecerse en el sueño de la muerte
comprendió lo que debió entender cuando vio el cadáver. –No árbol ni aire ni
fotografía ni vi…
Lo último que vio y
escuchó fue el fogonazo lumínico de la muerte y el clic apagado de la
vida.
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